El Real Madrid, como equipo, se comporta como Cristiano Ronaldo como futbolista. Prefiere jugar a la carrera, es inagotable en el esfuerzo, elástico, ambicioso y si no saca ventaja del ingenio la termina sacando del físico. Si algún problema tuvo anoche el Valencia, además de la expulsión de Albelda, sobre la que volveremos, fue la duración del partido, 90 inacabables minutos. Después de controlar durante el planteamiento y en parte del nudo, la última media hora se la pasó corriendo hacia atrás, rezando para que no llegara uno y luego para que no cayeran dos. Esa identificación del Madrid con Cristiano no significa que el equipo juegue exclusivamente para él, ni menosprecia el trabajo de sus compañeros. En absoluto. Señala un contagio y una tendencia. Di María y Marcelo, los otros madridistas más desequilibrantes, también son caballos al galope, imprevisibles por veloces, por verticales y por zurdos. Y aunque Özil no comparte esa rapidez de movimientos, la celeridad de sus pensami...
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